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¡Preparen el camino del Señor! ¡ábranle vías rectas!

  •   Domingo Diciembre 09 de 2018
  •   El mensaje del Domingo
  •    Gabriel Jaime Pérez Montoya, S.J.
  •    Adviento

En el año quince del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes Antipas tetrarca de Galilea, Filipo su hermano tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el tiempo en que Anás y Caifás eran sumos sacerdotes, dirigió Dios su palabra a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.


Recorrió entonces toda la región que está al lado del Jordán llamando a todos a convertirse y a bautizarse para obtener el perdón de los pecados, según está escrito en el libro del profeta Isaías:

“Una voz grita en el desierto: ¡Preparen el camino del Señor!¡Ábranle vías rectas! Toda hondonada debe rellenarse, todo cerro y colina rebajarse. Que lo torcido se enderece, que se allanen los senderos escabrosos. Y verán todos los mortales la salvación que trae Dios” (Lucas 3, 1-6).

1. “Dirigió Dios su palabra a Juan”

El Evangelio de hoy sitúa detalladamente, en una época específica de la historia, el inicio de la predicación de san Juan Bautista, el precursor de Jesús. El relato comienza haciendo referencia a la situación de dependencia política de la provincia de Judea, cuya capital era Jerusalén y estaba sometida al imperio romano -además de los datos correspondientes a Galilea y las regiones vecinas, al norte de Israel-, para ubicar la acción de Juan que predicaba en el desierto, a orillas del río Jordán. Ubica asimismo el inicio de esta predicación en el tiempo de los sumos sacerdotes del Templo de Jerusalén que unos tres años más tarde promoverían la muerte de Jesús en una cruz. Juan invitaba a sus oyentes a un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. En su significado original, bautizarse era sumergirse en el agua del río, que simboliza el torrente de la vida, para salir de ella renovado.

También hoy, en este preciso momento de la historia presente, en este tiempo litúrgico del Adviento, comenzando el último mes del año 2018 y estando próximas las fiestas de Navidad, la palabra de Dios nos invita a reconocer la necesidad de convertirnos, rectificando nuestro comportamiento en todo lo que implica seguir el camino que nos conduce a Él, para que así se renueve en nosotros la vida espiritual que un día recibimos en nuestro bautismo.

2. “Preparen el camino del Señor”

En nuestro lenguaje solemos decir “voz que clama en el desierto” para referirnos a un mensaje que nadie escucha o no es tomado en cuenta. Sin embargo, el significado original de esta frase, tomada del profeta Isaías (40, 3-5) para aplicarla a la predicación de Juan el Bautista en el desierto de Judea, es el de un anuncio que proviene de Dios y se dirige a quienes viven una situación de esclavitud u opresión. Esta profecía y la evocada en la primera lectura de hoy (Baruc 5, 1-9), se habían escrito hacia el año 538 a.C., cuando los judíos desterrados y oprimidos en Babilonia (en el territorio corresponde al actual país de Iraq), fueron liberados por el rey persa Ciro y se preparaban para emprender el camino de regreso a Jerusalén. La liberación de aquel cautiverio que duró 40 años fue el origen del Salmo 126 [125], propuesto hoy como responsorial y en el que se expresa la esperanza en Dios, quien, para los que sufren y se acogen a Él, puede cambiar la tristeza en alegría.

Como lo dice el profeta Baruc, es Dios mismo quien “ha ordenado rebajar los montes elevados y las cumbres inmóviles, y rellenar las hondonadas (…), para que pase Israel”. En el libro de Isaías, evocado por el Evangelio, hay una exhortación específica a que los beneficiarios de la acción liberadora de Dios colaboren activamente en la preparación del camino. En efecto, la traducción de este pasaje en la versión titulada “Biblia de Jerusalén” dice así: “Una voz clama: En el desierto abrid el camino a Yahvé, trazad en la estepa una calzada recta a nuestro Dios (…)”. En todo caso, se trata de una imagen simbólica para indicar que el camino que conduce al reencuentro con Dios es necesario no sólo recorrerlo sino rehacerlo. Hoy diríamos, repitiendo el verso de los “Cantares” del poeta Antonio Machado, que tan bellamente llevó Joan Manuel Serrat a la música moderna: “Caminante, no hay camino; se hace camino al andar”.

3. “Y verán todos los mortales la salvación que trae Dios”

El texto del Evangelio termina con esta frase de la cita del profeta Isaías, que constituye una promesa para quienes efectivamente se dispongan al encuentro con Dios, rectificando lo que hay que rectificar, corrigiendo lo que hay que corregir. “Ver la salvación de Dios” es, en el sentido más profundo de este texto bíblico, experimentar vitalmente su acción liberadora, que Él ha querido realizar por medio de Jesús, cuyo nacimiento nos disponemos a celebrar.

El tiempo litúrgico del Adviento en el cual nos encontramos no sólo se refiere a la primera venida de Jesús hace poco más de 20 siglos, sino que implica también una esperanza activa en su venida gloriosa y definitiva al final de los tiempos, que para cada uno de nosotros será el momento de nuestro encuentro definitivo con Él cuando pasemos de esta vida terrena a la eternidad. En la segunda lectura (Filipenses 1, 4-6.8-11), el apóstol san Pablo les dice a los primeros cristianos de la ciudad de Filipos, ciudad situada en Macedonia, al norte de Grecia, unas palabras que también se dirigen hoy a nosotros y constituyen una plegaria a la cual podemos unirnos aquí y ahora: “Pido en mi oración que el amor de Cristo Jesús siga creciendo más y más en ustedes. Así podrán vivir una vida limpia y avanzar sin tropiezos hasta el día en que Cristo vuelva”.

Preparémonos, pues, para que en las fiestas de Navidad podamos realmente ver la salvación que quiere realizar el Señor en cada uno y cada una de nosotros, si lo dejamos actuar en nuestra vida. Tal salvación sólo es posible para quien quiera de verdad convertirse a Él saliendo del cautiverio del egoísmo, rectificando lo que hay que corregir para ponerse en camino, con la ayuda de Dios, hacia el encuentro pleno y feliz con Él en una verdadera comunidad de Amor.