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Un ambiente de alegría y conversión interior

  •   Domingo Diciembre 09 de 2018
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.
  •    Adviento

En el camino del Adviento, la liturgia de este domingo nos invita a avanzar en nuestra preparación interior creando un clima de alegría espiritual y de conversión del corazón. Estos son los mensajes que nos comunican los textos bíblicos que acabamos de escuchar.


Empecemos por la alegría espiritual. El libro de Baruc y el Salmo 125 hacen referencia a una experiencia muy dolorosa vivida por el pueblo judío, como lo fue el exilio. El pueblo fue forzado abandonar su tierra y vio cómo eran destruidos todos los símbolos de su identidad religiosa y cultural. Pero el amor misericordioso de Dios les concedió regresar a su tierra y reconstruir las instituciones que cohesionaban a la comunidad. Se vuelven a escuchar risas y canciones.

Veamos cómo expresan los dos textos esta alegría del retorno y de un nuevo comienzo:

El libro de Baruc invita a superar el duelo: “Jerusalén, despójate de tus vestidos de luto y aflicción, y vístete para siempre con el esplendor de la gloria que Dios te da; envuélvete en el manto de la justicia de Dios y adorna tu cabeza con la diadema de la gloria del Eterno”.

El Salmo 125 expresa gráficamente los sentimientos que embargaban a la comunidad al regresar del cautiverio: “Cuando el Señor nos hizo volver del cautiverio, creíamos soñar; entonces no cesaba de reír nuestra boca, ni se cansaba entonces la lengua de cantar”.

¿Por qué la liturgia cristiana toma estos textos del Antiguo Testamento para crear un clima espiritual propicio para celebrar los misterios de la Navidad? Porque la encarnación y el nacimiento de Jesucristo son, para la humanidad, el retorno del cautiverio al que habíamos estado sometidos por el pecado. Se inicia un nuevo capítulo en la historia de la salvación. La alegría por el retorno a la amistad con Dios se expresa a través de las luces y los arreglos navideños. Es importante, entonces, que no olvidemos su significado profundo. Las casas de los creyentes están decoradas para una fiesta que conmemora un acontecimiento único en la historia espiritual de la humanidad.

Pasemos ahora al segundo mensaje que nos transmite la liturgia de este II domingo de Adviento, que tiene como protagonista a Juan Bautista, quien recorría la comarca del Jordán exhortando a la conversión y predicando un bautismo de penitencia.

¿Cómo contextualizar la predicación del Bautista? Es inminente la instauración de un orden nuevo, basado en la justicia y el derecho, que había sido anunciado con siglos de anticipación. Se trata de un cambio radical. Por lo tanto, hay que prepararse internamente para esa novedad.

El llamado a la conversión que hace Juan Bautista está en perfecta sintonía con la predicación de los profetas. Por eso usa las mismas palabras que había usado el profeta Isaías y las que acabamos de leer en el libro de Baruc. Se trata de un lenguaje propio de los ingenieros civiles, quienes intervenían en la topografía desigual que encontraban para poder construir carreteras, puentes y túneles: “Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos. Todo valle será rellenado, toda montaña y colina, rebajada; lo tortuoso se hará derecho, los caminos ásperos serán allanados y todos los hombres verán la salvación de Dios”

No tomemos a la ligera estas palabras del Bautista. ¿Qué nos quiere decir cuando habla de enderezar lo torcido? Los invito a despojarnos de la máscara de los convencionalismos sociales para vernos como somos y no como el yo ideal que deseamos proyectar.

¿Qué es lo torcido que debemos enderezar en nuestras motivaciones personales? Esta pregunta nos lleva directamente a la pregunta por el sentido de la vida: ¿Cuáles son los valores que le dan sentido a mi vida, aquellos a los que dedico todas mis energías? Si lo que busco es simplemente la aceptación social y el poder, voy por el camino torcido que conduce al vacío, a la nada y a la infelicidad. El tiempo de Adviento y Navidad es propicio para revisar la hoja de ruta que estamos siguiendo como individuos y como familia.

¿Qué es lo torcido que debemos enderezar como país? Después de haber vivido la pesadilla de cincuenta años de enfrentamientos y sufrimiento, tenemos que apostarle a la legalidad y a la institucionalidad. Tenemos que cerrarle el paso a ese modo de gestionar la política y hacer negocios a través de las prácticas torcidas del tráfico de influencias y la corrupción. La calidad y los méritos deben ser los criterios que definan las decisiones.

¿Qué es lo torcido que debemos enderezar en la vida de la Iglesia? El Papa Francisco lo ha dicho en infinidad de ocasiones: debemos regresar a la transparencia del Evangelio, donde la simplicidad y el testimonio de vida proclamen el gozo del Evangelio.

En este II Domingo de Adviento, la liturgia nos invita a crear un clima espiritual de alegría y conversión como preparación a las fiestas que se aproximan. Ven, Señor Jesús.