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El Bautista concreta algo la conversión

  •   Domingo Diciembre 16 de 2018
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.
  •    Adviento

La palabra evangelio es usada por primera vez por Pablo, antes de que se escriba “el evangelio” que a finales del siglo II se dividirá en los cuatro evangelios y se les asigna un autor. Para Pablo, evangelio es el cambio que experimenta la persona, cuando se hace consciente de que en ella habita el resucitado.


Para Pablo, evangelio es el cambio que experimenta la persona, cuando se hace consciente de que en ella habita el resucitado. Las cartas de Pablo son ayudas para que los creyentes asuman las implicaciones del evangelio o conversión o experiencia Pascual o vida del Resucitado. Todas estas expresiones son prácticamente sinónimas. Los evangelios se escriben para mostrar cómo quedará la persona en su proceso de conversión: como Jesús. Los evangelios entonces ilustran el Evangelio, de una manera narrativa, más propia de la literatura judía.

El Antiguo Testamento, en vez de hacer un tratado sobre algo (al estilo griego) pone un personaje a vivir los valores de tal tratado. Abrahán, Isaac, Jacob, José, Sara, Débora, Sansón, Ana, Samuel, Jeremías y otros muchos, son modelos pedagógicos para el pueblo judío . El Bautista, siendo el último profeta de Israel, más de 300 años después de Malaquías, es decir, luego de una sequía de profetismos, no alcanza a ser propiamente un modelo pedagógico para los judíos pues aunque lo apreciaban muere dejando uno grupo indeterminado (seguramente no muy numeroso) de discípulos. En general los profetas no tenían discípulos pues eran singularidades bastante atípicas respecto al pueblo. Fueron los cristianos los que recogieron la tradición del Bautista haciéndolo prácticamente un personaje cristiano . La misma predicación que el evangelio de hoy pone en boca del Bautista, es similar a los llamados de Jesús en su predicación: repartir la túnica si se tienen dos; dar de comer al hambriento; no exigir más de los debido (caso de Zaqueo); no oprimir con el poder militar y otras exhortaciones. La diferencia radical entre el Bautista y Jesús es que el primero predica la conversión para evitar el juicio que llega y Jesús predica la conversión para que llegue o porque ya llegó el reinado de Dios. El Bautista es fatalista y pesimista, Jesús es perdonador y optimista. En el evangelio de hoy compara el Bautista a Jesús con un bieldo para arrojar paja al fuego. Jesús en cambio, pide que no se arranque la cizaña hasta la cosecha que pertenece al Padre. Asegura que no ha venido a juzgar sino a salvar. Su profetismo, si lo asimilamos a los profetas, es denunciar la injusticia y esperar la conversión movidos por la misericordia, el amor, la gracia y no por el temor, la condena, la amenaza.

El bautismo de Juan, que parece de su propia cosecha o tomado del bautismo de prosélitos, era una repetición creativa del paso del Jordán por el pueblo dirigido por Josué. De ahí que lo realizaba en el mismo paso de Bet-Harem (puerta de la tierra) pero a diferencia del paso de los judíos ahora era sumergidos totalmente en agua; igual que el auto-bautismo de los prosélitos. El bautismo de Jesús en Marcos (en Mateo hay discusión, en Lucas no dice quién bautiza a Jesús y en Juan no aparece) sería la manera de expresar que Jesús entra en el camino de la conversión . De Jesús para en adelante, la conversión es volverse al ser humano, el único lugar en que Dios está vivo. En Lucas el único contacto cercano de Jesús y el Bautista se da en la visita a Isabel.

Que el Bautista reconozca la superioridad de Jesús tan temprano en el evangelio de Lucas no se armoniza fácilmente con el envío de sus discípulos desde la cárcel a preguntarle si es el Mesías. Más bien parece la necesidad de los creyentes de mostrar la diferencia del bautismo cristiano y el de Juan Bautista. La ubican en la presencia del Espíritu. Igual dice Pablo de unos cristianos: «Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó las regiones altas y llegó a Éfeso donde encontró algunos discípulos; les preguntó: "¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando abrazasteis la fe?" Ellos contestaron: "Pero si nosotros no hemos oído decir siquiera que exista el Espíritu Santo." El replicó: "¿Pues qué bautismo habéis recibido?" —"El bautismo de Juan", respondieron. Pablo añadió: "Juan bautizó con un bautismo de conversión, diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, o sea en Jesús."» (Hc 19:3-5). También le adjunta la presencia del fuego en el bautismo, que simboliza la pasión. Es la esencia del bautismo según la fórmula de Pablo: vivir como Jesús (con su pasión) para ser resucitados como él.

La conversión no abarca solamente un cambio en el pensar, como lo dice la palabra original (metanoia) sino también en el actuar, cuando éste no ha sido correcto. La traducción latina, usada prácticamente por los católicos hasta el concilio Vaticano II, traduce conversión por penitencia, algo que hoy se ha corregido. La conversión puede o no ser acompañada de la penitencia, según la persona. Pero la conversión es siempre hacia los demás, hacia los otros. Una mera conversión íntima, individual, mental, no pasa de una buena terapia de crecimiento personal. Los publicanos o empleados públicos, encarnan codicia y avidez de poseer, falta de honradez, traición al propio pueblo, estando como estaban al servicio de Roma. Ellos, como todos los demás, entran al reinado de Dios por la conversión. Aunque el imperio romano era gigantesco y variado, exigía fidelidad casi religiosa al emperador y a algunos se dio el título de “hijo de dios” como Augusto. Esto va a ser conflictivo para muchos cristianos que se niegan a llamarlo señor (solo Cristo es el Señor) o a sacrificar en su nombre.

El culto privado romano se hacía en familia a los dioses tutelares, pero el culto público era oficial y a favor del Emperador. Zaqueo sería el publicano de mayor rango que aparece en los evangelios. El otro sería Levi el telonero. Jesús no tiene empacho en cenar con ambos. Los soldados que van en busca del Bautista eran probablemente mercenarios del ejército de Herodes Antipas. A los judíos les estaba prohibido el servicio militar a favor de Roma. Estos mercenarios serían gentiles interesados en la conversión. Los excesos del poder de todo tipo, pero especialmente militar, son bien conocidos en todos los tiempos aunque vale la pena decir que los ejércitos romanos eran bastante profesionales lo que les permitió grandes conquistas (toda Europa, norte de África y parte de Asia). Ni a estos ni a los publicanos les pide el Bautista cambiar de profesión sino acomodarse a lo legal tomado como lo justo. El evangelio, en general, al igual que Pablo en sus cartas, es bastante conservador respecto a la estructura social y política. Necesitarán los creyentes una conversión mayor en lo venidero, pues el estatus quo no coincide con el reinado de Dios.