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Justicia y Derecho Ecológicos

  •   Domingo Diciembre 02 de 2018
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.
  •    Adviento

A principios de noviembre, la guía para la Reunión de Comunidades Bíblicas, recordaba cómo días antes la Revista Semana colocaba este título: “Este mundo está loco, loco”.


Y en realidad no le faltaba razón si miramos la corrupción que reina en muchos países, la violencia, los emporios económicos, las mentiras de los medios de comunicación, el lujo de los poderosos, las riquezas de los que se han apoderado de lo que es del pueblo pobre.

Las lecturas de hoy nos proponen una respuesta muy acertada a estas calamidades. Hoy, primer domingo de Adviento, todavía no se nos habla de la Navidad, cosa que la sociedad de consumo si viene haciendo desde hace dos meses, invitándonos a gastar dinero en todo tipo de objetos.

Jeremías presenta al Mesías como la llegada de una gran expectativa por la presencia de la Justicia y el Derecho, que vienen del tronco de David, por lo que a Jerusalén se le llamará con el bello nombre de “El Señor es nuestra justicia”.

Pablo propone a los Tesalonicenses que el Señor los haga rebosar de un amor mutuo entre ellos y también hacia todos los demás, como él les tiene, para que conserven el corazón irreprochable en el amor a Dios y al prójimo.

En el evangelio leemos que Jesús les dice a sus discípulos, que después de los días más angustiosos (habla de la destrucción de Jerusalén y del fin del mundo), vendrá el Hijo del hombre con gran poder y majestad y los invita a estar alertas para que las preocupaciones de esta vida no les entorpezcan la mente.

La encíclica LAUDATO SI en este sentido nos recuerda que “El cuidado de los ecosistemas supone una mirada que vaya más allá de lo inmediato, porque cuando solo se busca un rédito económico rápido y fácil, a nadie le interesa realmente su preservación” (L. S., n. 36).

Y hablando de las leyes nos advierte: “Para que la norma jurídica produzca efectos importantes y duraderos, es necesario que la mayor par de los miembros de la sociedad la haya aceptado a partir de motivaciones adecuadas y que reaccione desde una transformación personal” (L. C.,n. 211).

Tenemos, pues, toda una invitación tanto de las lecturas dominicales como desde la llamada Carta de Navegación Mundial sobre el Medio Ambiente para cuidar la Casa Común desde la Justicia y el Derecho, agradeciéndole además al Señor todos los bienes que nos ha regalado.