Abril 26: Emaús, un camino de la desolación a la alegría pascual

Abril 26:  Emaús, un camino de la desolación a la alegría pascual

Por: Jorge Humberto Peláez S.J.

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Lecturas:

  • Hechos de los Apóstoles 2, 14. 22-33
  • I Carta de san Pedro 1, 17-21
  • Lucas 24, 13-35

Durante el tiempo de Pascua, los textos del Nuevo Testamento nos dan a conocer diversos momentos de la Iglesia Apostólica. La vida de la naciente comunidad cristiana gira alrededor del Señor resucitado. Este entusiasmo desbordante se expresa a través de un anuncio apasionado de la persona de Jesús, sus milagros y enseñanzas. A este Jesús, Dios lo resucitó de entre los muertos y se manifestó a sus discípulos, quienes comieron y bebieron con Él.

Estos textos nos muestran cómo se va consolidando la primera comunidad, sus logros apostólicos, así como las persecuciones que debe afrontar, las tensiones que van apareciendo y cómo, poco a poco, van surgiendo unas estructuras organizacionales.

En esta meditación dominical empecemos por el relato de los Hechos de los Apóstoles que recapitula un emotivo discurso del apóstol Pedro, quien se dirige a los habitantes de Judea y a cuantos se encuentran en Jerusalén para asistir a las solemnidades. Pedro les hace dos interpelaciones muy fuertes, que los obligan a reflexionar:

  • Ellos conocieron a Jesús y por eso no pueden argumentar desconocimiento: “Les anuncio a Jesús de Nazaret, el hombre a quien Dios acreditó ante ustedes cuando por medio de Él les mostró su poder con prodigios y milagros que ya conocen”.
  • Luego les echa en cara su culpabilidad en esta terrible injusticia: “Ustedes lo entregaron y le quitaron la vida clavándolo en la cruz por mano de los paganos”.
  • Teniendo en cuenta que sus oyentes son judíos, desarrolla su argumentación a partir de textos del Antiguo Testamento que se refieren al rey David y su descendencia.

¿Qué nos enseña esta vigorosa catequesis del apóstol Pablo? Es el testimonio de una Iglesia evangelizadora, valiente, cuyo anuncio del Señor resucitado tiene muy en cuenta los rasgos culturales y las tradiciones religiosas de la asamblea que escucha este anuncio. Por eso las interpelaciones y la argumentación son muy concretas y perfectamente focalizadas.

Vayamos ahora al texto del evangelista Lucas que narra la conmovedora experiencia vivida por dos discípulos de Jesús cuando se dirigían a Emaús. Es una fina exploración de los sentimientos que agobiaban a los seguidores del Maestro después de la tragedia del Viernes Santo.

Este texto genera una gran empatía con aquellos lectores que recorren el camino de la búsqueda de Dios en medio de dudas e incertidumbres. Todos nosotros, en algún momento de nuestra vida, nos hemos sentido desconcertados, solos, sin saber qué rumbo tomar. El itinerario espiritual de estos discípulos es un estudio de caso muy interesante para analizar el camino de la experiencia de Dios.

Nos cuenta el evangelista Lucas que estos desconsolados amigos se dirigían al pueblo de Emaús e iban conversando sobre los dolorosos acontecimientos de los últimos días, la pasión y muerte de Jesús. Se encontraron con otro viajero que iba en la misma dirección. Comenzó, entonces, una conversación fascinante entre estos desolados amigos y el viajero desconocido. Esta conversación debería ser objeto de estudio por parte de los directores o acompañantes espirituales (actualmente, la palabra de moda es coaching), ya que Jesús utiliza una delicada pedagogía. El acompañamiento espiritual, lo mismo que la predicación, deben tener en cuenta a los sujetos concretos, con su historia, preocupaciones y sentimientos.

Después de los saludos iniciales que acompañan este tipo de encuentros casuales, Jesús facilita la conversación con dos preguntas muy simples, pero que permiten abrir el corazón de estos entristecidos viajeros:

  • “¿Qué venían comentando por el camino?”
  • “¿Qué pasó?”

El acompañamiento espiritual tiene, como premisa fundamental, saber escuchar. Con gran delicadeza hay que acercarse a la interioridad de las personas, generar confianza y tender puentes de comunicación. Para ello, una simple pregunta, formulada oportunamente, es la llave que abre la intimidad del corazón.

Jesús resucitado, a quien no habían reconocido los caminantes, escucha atentamente sus tristezas. A continuación, los ayuda a hacer una re-lectura de los acontecimientos. “¡Qué duros de entendimiento son ustedes! ¡Cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No ven que era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?”.

Estos discípulos estaban atrapados por una profunda depresión. Lograron salir de ella gracias a la ayuda del Señor y descubrieron un sentido en el aparente sin-sentido de la Pasión. La luz de la esperanza iluminó la oscuridad en que se encontraban.

En este tiempo de Pascua, pidámosle al Resucitado que, como a los discípulos de Emaús, nos acompañe en este difícil camino que recorre la humanidad en cuarentena. Pidámosle que, más allá de las estadísticas de la pandemia, sepamos releer esta compleja realidad. ¿Qué nos está diciendo? ¿Cuáles son los aprendizajes que debemos apropiarnos? ¿Cuáles son los cambios de rumbo que debemos hacer?

El recorrido espiritual de los discípulos de Emaús alcanza su clímax cuando descubren que ese desconocido es el Señor resucitado. Lo identifican en el momento en que parte el pan, una hermosa expresión para designar la eucaristía, que es el lugar teológico por excelencia para encontrarnos con el Señor resucitado, que se hace presente en medio de la comunidad.