Marzo 28: Desconectémonos de Zoom y Teams, y conectémonos con Dios

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Por: Jorge Humberto Peláez, SJ

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Lecturas:

  • Profeta Isaías 50, 4-7
  • Carta de san Pablo a los Filipenses 2, 6-11
  • Marcos 15, 1-39

Durante estas semanas de Cuaresma, nos hemos preparado para la celebración de los misterios pascuales. Pues bien, ha terminado la preparación y hoy empieza la Semana Santa. Iremos acompañando al Señor, paso a paso, en este drama de una intensidad sobrecogedora, en su entrega total por nuestra salvación. Este gesto supremo de amor es incomprensible para la razón humana. Unos lo consideran una locura y para otros es motivo de escándalo.

Con siglos de anticipación, el profeta Isaías había escrito el estremecedor guion que seguiría Jesús el Jueves y el Viernes Santo: “He dejado que me azoten las espaldas y me arranquen la barba. No he escondido el rostro a los que me insultaban y escupían. El Señor es quien me ayuda, por eso no me rindo a los insultos. Por eso me mantengo firme como roca y estoy seguro de que Él nunca me defraudará”.

Hemos cumplido un año en teletrabajo. Largas horas sentados frente a la pantalla de un computador. Se han borrado las fronteras entre las actividades laborales y la vida familiar; nos sorprendemos enviando correos electrónicos a las 10 de la noche en un día festivo. Durante estos días santos, los invito a desconectarnos de las plataformas digitales. ¡No más Zoom ni Teams! Conectémonos con nosotros mismos, la familia, la naturaleza, los valores espirituales. ¡Conectémonos con Dios!

Hoy Domingo de Ramos empieza la Semana Santa. Jesús, que es el Mesías anunciado y descendiente del rey David, entra solemnemente en Jerusalén, que es la capital religiosa y política de Israel. Pero este rey, esperado ansiosamente durante siglos, se rige por un protocolo atípico: hace su ingreso montado en un humilde burrito, sin la parafernalia de los grandes desfiles militares; no salen a recibirlo los notables de la ciudad, sino la gente sencilla y los niños. ¡Impactante testimonio de humildad!

El texto de la Carta de san Pablo a los Filipenses nos da la clave para comprender esta secuencia de acontecimientos que nos producen profundo desconcierto: “Cristo Jesús, siendo de condición divina, no se aferró a su igualdad con Dios; al contrario, se anonadó a sí mismo y tomó la condición de esclavo. Hombre igual a todos y con las apariencias de un hombre cualquiera, se humilló haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz”.

Después de leer este texto de san Pablo, quedamos sin palabras. La lógica de los seres humanos es la contraria: queremos aparentar una sabiduría que no poseemos, una calidad humana de la que carecemos y un status que pretende situarnos por encima de los demás. Jesús, Hijo de Dios encarnado, hace exactamente lo contrario y se despoja de los atributos propios de la divinidad. Este despojo lo acompañó desde la encarnación hasta el Calvario. Se sometió a todos los sinsabores de la condición humana: pobreza, rechazo social, críticas, envidias, tergiversación de sus palabras, traición, juicio tramposo. Y todo esto ¿por qué?, ¿para qué? Unos lo interpretaron como una locura, para otros fue y sigue siendo motivo de escándalo. Pero dentro del plan de Dios, la única respuesta válida es el amor sin límites hacia nosotros.

Vayamos ahora al relato de la Pasión del Señor que acabamos de escuchar en este Domingo de Ramos, que es el texto escrito por el evangelista Marcos. Recordemos que cada uno de los evangelistas escribió su relato de la vida de Jesús, teniendo en cuenta el contexto particular de las comunidades que evangelizaba.

El evangelista Marcos tiene un interés especial en el contraste que se manifiesta a lo largo de la vida de Jesús entre la incomprensión y el rechazo de sus contemporáneos, y la misión y el triunfo por parte de Dios. Marcos evidencia esta tensión continua. Su tema central es la manifestación del Mesías crucificado. Subraya, con mucha fuerza, su fracaso aparente ante los hombres. A lo largo de la vida pública de Jesús, sus palabras fueron motivo de controversia y la hostilidad de los jefes de Israel fue en aumento. Toda esta incomprensión se fue acumulando hasta llevarlo a la cruz. Marcos explica que todo esto tenía que pasar según los designios misteriosos de Dios y para que se cumplieran las Escrituras. 

Los invito, pues, a tomar en serio estos días santos. Aprovechémoslos para tomar distancia de las plataformas tecnológicas que nos han esclavizado durante este año de pandemia y conectémonos con nuestro yo profundo, con la familia, con la naturaleza, con los valores espirituales y con Dios. Contemplemos a Jesús crucificado con profundo agradecimiento, pues entregó su vida para que nosotros pudiéramos participar de la vida divina.