Febrero 27: Unos textos cargados de sabiduría y sentido común

Homilia_Jorge_Humberto_Pealez

Por: Jorge Humberto Peláez, SJ

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Lecturas:

  • Libro del Sirácida 27, 4-7
  • I Carta de san Pablo a los Corintios 15, 54-58
  • Lucas 6, 39-45

Las lecturas de este domingo, particularmente la primera y el relato evangélico, inmediatamente captan nuestro interés porque se refieren a asuntos de la vida diaria escritos en un estilo sapiencial, es decir, comunican pensamientos sabios, madurados a través de la experiencia y de una profunda reflexión:

  • La primera lectura, del libro del Eclesiástico llamado también del Sirácida, autor del siglo II a. C., hace unos comentarios muy sabios sobre las palabras que utilizamos, las cuales manifiestan los valores y sentimientos del corazón. El lenguaje saca a la luz nuestro yo profundo.
  • El evangelista Lucas sintetiza una conversación de Jesús sobre las relaciones sociales. El punto de partida de esta catequesis es una pregunta que nos hace pensar sobre el liderazgo: “¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?”. Las personas que están al frente de un grupo deben tener valores muy sólidos para que puedan orientar. Pensemos, por ejemplo, en los padres de familia y en los educadores; si no tienen una escala de valores muy bien estructurada, harán mucho daño a los niños y a los jóvenes.

Profundicemos en el contenido de la primera lectura. Como lo decía al comienzo, fue escrito hacia el siglo II a. C. Trata diversos temas referentes a la vida diaria. El texto está construido como pequeños cuadros y su estilo es en forma de máximas o frases cortas que invitan al bien obrar.

El texto que nos propone la liturgia de este domingo es sobre el lenguaje que utilizamos. Uno de las características del ser humano, que nos diferencia de los demás seres de la creación, es la palabra como medio de comunicación (los animales se comunican por medio de sonidos y movimientos). Gracias a ella manifestamos nuestras necesidades básicas, expresamos nuestros sentimientos, compartimos proyectos, hacemos negocios, etc.

Cuando escuchamos hablar a alguien, inmediatamente levantamos un primer mapa de su nivel cultural, su lugar de origen, intereses, preocupaciones, valores. Por eso el texto que acabamos de escuchar dice: “El horno prueba las vasijas del alfarero, y la persona es probada en su conversación. El fruto revela el cultivo del árbol, así la palabra revela el corazón de la persona”.

Es importante tomar conciencia del enorme poder que tienen las palabras. Una palabra positiva de estímulo puede iluminar la vida de los demás, así como una palabra cargada de veneno y las mentiras pueden causar un daño incalculable. Es escandalosa la desvergüenza de muchas personas que ponen a circular calumnias y dan falso testimonio ante los tribunales.

En el actual contexto electoral, debemos ser muy críticos ante los discursos de los candidatos que, a través de las redes sociales y en las plazas públicas, salen a buscar votos, y para ello utilizan todas las armas: la seducción, promesas que pronto olvidarán, rabia, sectarismo. Todo vale con tal de ganar adeptos.

Este breve texto del Antiguo Testamento nos invita a examinar atentamente nuestro lenguaje: qué decimos y cómo lo hacemos. Importan igualmente el contenido y la forma. A través de las palabras proyectamos lo que guardamos en lo profundo del corazón.

Vayamos ahora al relato del evangelista Lucas en el que Jesús se refiere, con particular agudeza, a las relaciones sociales. Detengámonos a reflexionar sobre sus comentarios alrededor del binomio crítica-autocrítica. Dice Jesús: “¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?”.

Estas sencillas palabras de Jesús ponen en evidencia una realidad que experimentamos todos los días: somos observadores muy agudos para captar los defectos y errores de las personas que nos rodean, pero somos incapaces de ser autocríticos y reconocer nuestros errores y defectos. Con mucha facilidad asumimos el rol de víctimas. Si nos va mal en los estudios, es porque el profesor nos tiene “entre ojos”, si tenemos un accidente en la vía pública es por culpa de otros conductores o de un peatón imprudente. Cuando estalla un escándalo de corrupción, el acusado afirma que es víctima de una persecución política.

Si los individuos rehusamos reconocer nuestros errores, si una sociedad no acepta la verdad de lo que ha vivido (secuestros, falsos positivos, corrupción, narcotráfico, desplazados), nunca podremos avanzar hacia un futuro de esperanza. Jesús lo expresa con firmeza: “¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entones verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano”.

Estas lecturas que nos propone la liturgia de este domingo irradian sabiduría y sentido común. Cuidemos nuestras palabras porque tienen un gran potencial para hacer el bien o para destruir. No asumamos el papel de jueces implacables de los otros, y tengamos la honestidad y el valor para reconocer lo bueno, lo malo y lo feo de nuestras vidas.