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Pongamos nuestros corazones en modo Navidad

  •   Domingo Diciembre 02 de 2018
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.
  •    Adviento

El 31 de octubre se celebra el Halloween, una fiesta de origen pagano, importada, pero que tiene un encanto particular porque se ha constituido en un espacio en el que los niños se disfrazan y divierten.


No se sabe quién está más feliz: si los niños, que salen a pedir dulces de casa en casa; o sus padres, felices de vestir a sus niños de forma muy creativa. Como es la fiesta de los niños, y ellos son el tesoro más precioso de la sociedad, le perdonamos al Halloween sus oscuras raíces y su naturaleza foránea.

Después de la fiesta de los niños, las ciudades se ponen en modo Navidad: pesebres, árboles con luces y estrellas de Belén, figuras de Papá Noel y los ángeles. Todo esto constituye un maravilloso potpurrí de tradiciones, creando un ambiente inigualable. La invitación que nos hacen las lecturas de este domingo de Adviento es a programar nuestros corazones en modo Navidad, es decir, nos motivan a no quedarnos exclusivamente en la preparación de la escenografía, sino ir al significado profundo de estas celebraciones.

Los personajes del tiempo de Adviento son los profetas, Juan Bautista, María y José:

Los profetas anuncian la venida de un Mesías que transformará la historia, no solo del pueblo elegido, sino de la humanidad, y será de la familia de David; Él instaurará un orden nuevo basado en la justicia y el derecho.

Juan Bautista proclama que esa promesa se ha cumplido y que el Mesías esperado ya está presente en medio de ellos. Es necesario, pues, preparar las mentes y corazones para acoger su mensaje.

María ha sido escogida para ser la madre del Salvador. Una responsabilidad inmensa que ella acepta con humildad y obediencia. Y para ello cuenta con el apoyo irrestricto de José quien, después de superar un intenso conflicto interior al descubrir que su prometida estaba embarazada, entiende el plan de Dios y ofrece toda su colaboración.

Estas son las grandes figuras del Adviento que nos comunicarán potentes mensajes de espiritualidad a lo largo de estas semanas.

No podemos quedarnos en las formas externas. Todo este despliegue de luces y decoración, ¿qué significa? Infortunadamente, muchas personas se quedan en la superficialidad de la decoración y en las promociones comerciales. Toda esta parafernalia nos recuerda un acontecimiento que cambió el rumbo de la historia:

El pecado había producido una grave ruptura en las relaciones entre Dios y la humanidad. Fue la libertad humana la que decidió dar la espalda a Dios y quiso realizar su proyecto egoísta de creer que éramos amos y señores del universo, y no administradores de la casa común.

En su amor misericordioso, Dios quiso establecer una alianza o pacto privilegiado con un pueblo del Oriente, para así preparar el camino para la redención de la humanidad.

Cuando llega la plenitud de los tiempos, Dios Padre envía a su Hijo al mundo para que asuma nuestra condición humana, y para ello pide la cooperación de una hermosa campesina judía.

Nunca nos cansaremos de meditar en este misterio: el Hijo eterno del Padre se despoja de los atributos de la divinidad para ser como uno de nosotros, en todo menos en el pecado.

Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, es el lugar de encuentro entre lo divino y lo humano, entre el cielo y la tierra. El abismo que se había creado por el pecado ha sido superado. Él es el camino que nos conduce a la casa de nuestro Padre común.

El misterio de la Encarnación destierra cualquier lectura pesimista de la vida humana, pues Jesucristo está en medio de nosotros. Él encabeza nuestra peregrinación. ¿Por qué temer? Todo lo creado se llena de sentido, pues ya no es posible hablar de un divorcio entre lo material y lo espiritual. Cristo es la síntesis que recapitula lo divino y lo humano. Por eso una espiritualidad, inspirada en el misterio de la Encarnación, es alegre, optimista y se opone a esas visiones negativas sobre el progreso y el deseo de cambiar las estructuras sociales, que tanta fuerza tienen en nuestro tiempo.

Durante el Adviento y la Navidad abundan las reuniones sociales para cantar villancicos, rezar la novena y comer deliciosos platos propios de esta época. Es maravilloso encontrarnos con la familia y los amigos. Pero ¡atención! No perdamos la perspectiva, ya que los grandes protagonistas son los niños. Los adultos debemos evitar aquellos comportamientos que pueden eclipsar el sentido familiar de estas fiestas para convertirse en un lamentable espectáculo de peleas y borracheras.

En estas fiestas navideñas, los pobres, los habitantes de la calle, los desplazados, los migrantes sienten con particular dolor su situación de exclusión. Acordémonos de ellos. Hagámoslos partícipes de estas fiestas. Compartamos un plato de comida y un gesto de afecto.